El valor de los espacios

Los espacios tienen valor, puede ser.personal o puede ser público, un valor que los ciudadanos depositan en ellos,¿ porque? Porque es ahí e donde vivimos experiencias significativas.

Los teóricos mencionan que esto se llama HABITAR, por eso nos convertimos en habitantes. Puede ser porque ahí pasamos la mayor parte del tiempo o porque nuestra relación con ellos es relevante.

Tal vea ahí jugamos, nos alimentamos, hacemos amistades, trabajamos, hacemos deporte, convivimos o nos vinculamos con el otro.

El espacio público es tan importante para una ciudad que a través de la historia ha habido personajes que se convierten en benefactores, ya sea por una acción trascendente o porque que han donado extensiones de su propiedad para un uso que beneficie a la comunidad.

En nuestro caso vallartense tenemos la figura de Don Agustín Flores Contreras quien proporcionó el terreno para donde está la actual unidad deportiva, justo frente al hotel Sheraton, además donó en el centro espacio para algunas escuelas.

Cada vez es menos usual este tipo de acciones que van en función del bien social y público.

La pregunta que tenemos que hacernos ahora es ¿ que espacios son importantes para la comunidad en la que habitamos?

En nuestro caso costeño hay que pensar en cuáles son los lugares en donde existe un uso común, por ejemplo, las plazas públicas, el malecón, la playa, los ríos.

Si usted hace un análisis el espacio público ha sufrido pérdidas importantes y siempre está en riesgo.

¿ Que lo pone en riesgo? El abandono y la propiedad privada.

El abandono puede ser premeditado, Al dejar de darle mantenimiento a un parque o a una zona de la ciudad en dónde se reúne gente lo único que provoca es devaluarlo, la gente se retira , por diferentes razones entre ellas la inseguridad.

Otra razón que pone en riesgo el espacio público es   la propiedad privada, esto me aparece muy importante para tener en  nuestro diagnóstico personal.

La propiedad privada es ese deseo particular que tienen las personas por apoderarse de un bien común, lo vemos en calles y banquetas que pasan a ser invadidas por restaurantes, plazas públicas a las que se les quita espacio para montar puestos de comida, extensiones de playas de las que se apoderan hoteles y restaurantes, riveras de ríos que pasan a manos de construcciones que desarrollan departamentos, en fin, la idea de que un espacio nos puede pertenecer a todos parece que va quedando en ese mundo de las utopías.

Los deseos particulares no pueden ser más fuertes que los deseos comunitarios. En este ejercicio de pensar de nueva cuenta la ciudad en la que vivimos tendríamos que replantear que esapcios son los que nos signfican a todos , protegerlos y respetarlos. El bien individual nunca puede estar por encima del de todos.